Las piedras

Las piedras de curling están fabricadas de granito y cuentan con un asa de plástico en la parte superior para facilitar el lanzamiento. Las piedras originales, con las que se jugaba desde el siglo XVI, eran mucho más pesadas que las actuales y no contaban con el asa de plástico ni con la forma con la que cuentan ahora. De hecho, en estos primeros compases del deporte, se jugaba con simples rocas extraídas de los ríos, que, a veces (no siempre), se pulían y se les daba forma. Lógicamente, el lanzador tenía, en realidad, un nulo control sobre la piedra por lo que, en sus inicios, se puede decir que era un juego más de suerte que de estrategia. La evolución en las piedras ha hecho de esta forma evolucionar al curling.

Una evolución que comenzó ya en el siglo XVIII. El asa y las piedras redondeadas se empezaron a utilizar en 1775, ocho años antes de que se estandarizara el formato y el tamaño de las piedras. Fue el momento de la creación del Royal Caledonian Club, a partir de la cual se empezaron a normalizar las reglas del curling.

Las piedras tienen forma circular y la longitud de su circunferencia no puede ser superior a 91,44 centímetros y su altura no puede rebasar los 11,43 centímetros (sin incluir el asa o agarradero). Cada una de las piedras pesa en torno a 20 kilos (la masa tiene que estar comprendida entre los 17,24 kilos y los 19,96 kilos) y está compuesta de granito escocés, especial porque es particularmente poroso y elástico. Eso hace que las piedras sean fabricadas únicamente en Escocia.

Cada juego de 16 (las necesarias para un equipo) cuesta en torno a los 6.000 euros. El alto precio es consecuencia de varios aspectos, pero quizá el más destacado es que la dureza del material del granito requiere que el pulido final se tenga que hacer con diamantes para darle la forma definitiva.

Como curiosidad, la piedra de curling más antigua que se conserva fue hallada en Escocia, se le conoce como la piedra Stirling y data de 1511.

Aquí un vídeo de cómo se fabrican las piedras: